Edward Hopper. Pinturas y dibujos de los cuadernos personales reúne una selección de las páginas de los cuadernos personales inéditos de Hopper que incluyen sus mejores pinturas y dibujos a lo largo de 132 páginas a todo color. Los paisajes, las escenas de calle, los interiores de hoteles, cafés, cines y apartamentos o sus solitarias casas. Nada es más americano que la pintura de Hopper. O quizá toda América busca su esencia en las escenas que recoge este autor imprescindible.
Lo que comenzó siendo un mero libro de contabilidad se convirtió poco a poco en una obra de arte en sí misma.Jo –como Hopper llamaba a su esposa- empezó a incorporar pequeñas descripciones de las pinturas, cada vez más complejas, y Hopper añadió un detallado boceto de cada una de ellas, «devolviendo de esa manera la obra a su esencia, a su idea primigenia», señala Brian O´Doherty en el ensayo incluido en el libro.
«Los bocetos revelan la percepción que Hopper tenía sobre la composición de las obras y las figuras que aparecían en ellas. En este libro se reproducen por primera vez las pinturas reales junto a sus páginas correspondientes en los cuadernos, permitiendo una cuidadosa comparación entre ambas y dando idea de lo que el artista percibía en la tarea de re-visión de su trabajo antes de que este saliese del estudio», explica en el prólogo Adam D. Weinberg, director del Whitney Museum de Nueva York.
El segundo ensayo de este volumen: Edward Hopper: su obra, de Deborah Lyons, pone de manifiesto cómo estos cuadernos «llenos de retazos de sus conversaciones y de anécdotas informales sobre obras convertidas hoy en iconos, presentan un atractivo que va más allá de su obvio valor documental, y más allá incluso de las fascinantes reproducciones de las grandes pinturas de Hopper. En la intimidad de esta empresa conjunta, los Hopper han creado una obra maestra que nos permite entrar de puntillas a su estudio, sin ser vistos, y observar la dimensión privada y terrenal de uno de los artistas más venerados de América».
Sobre el autor
Edward Hopper (1882-1967) es un nombre fundamental en el arte norteamericano del siglo XX. Sus pinturas, cargadas de melancolía y de fuerza, indagan en la condición del ser humano a la vez que ofrecen una visión de Estados Unidos que con el tiempo se ha convertido en icónica. Robert Hughes, autor de American Visions: The Epic History of Art in America, lo define como «la quintaesencia de la pintura del Realismo estadounidense del siglo XX».
Hopper nació en Nyack, Nueva York, en 1882. Se formó en la Escuela de Ilustración de Nueva York y en la prestigiosa Escuela de Arte de Nueva York, donde estudiaría con el realista americano Robert Henri. Tras su estancia en la escuela, viajaría a París en 1906, momento clave en el desarrollo del arte moderno.
Hopper tardó mucho tiempo en alcanzar el éxito comercial. Luchó durante años, sobreviviendo como ilustrador. Su primer éxito como pintor llegó en 1924 cuando vendió todas las obras que expuso en la Rehn Gallery de Nueva York. En ese mismo año, pintó Casa junto a la vía del tren, una de sus obras más famosas.