Humberto Rivas trabajó con un criterio exhaustivo que se hace evidente en el momento de adentrarse en su archivo pues sorprende la cantidad de trabajo realizado para conseguir una sola imagen. Es de esta forma que sus fotografías han logrado una gran repercusión no solo entre sus compañeros de profesión o especialistas en fotografía sino también entre los medios culturales de Barcelona. En 1997 le fue concedido el Premi d’Arts Plàstiques de la Ciutat de Barcelona y en 1998 el Premio Nacional de Fotografía otorgado por el Estado Español.
Al comenzar su trayectoria creativa en 1962, Humberto Rivas impactó por sus retratos, en un primer momento influenciados por Richard Averdon y Diane Arbus, pero pronto desarrolló su propia estética descubriendo el lado oculto del retratado. Cada retrato era para él un desafío. Trataba de traspasar la imagen estereotipada con la que el modelo se presentaba en el estudio y plasmar su propia visión.
Paralelamente y cada vez con mayor intensidad, desarrolló el tema del paisaje, sobre todo el urbano, llegando durante la década de los años 70 y 80 a enunciar una poética intensa del paso del tiempo y del tratamiento de la luz que sumado a la técnica necesaria hicieron de sus paisajes iconos del arte contemporáneo.
Entre otros temas ha fotografiado objetos aislados que parecen abandonados al espacio y al tiempo. En el tratamiento de estas imágenes se refleja su admiración por la pintura de Rembrandt y Durero o los bodegones de Zurbaran.