Un Pron dentro de un Pron dentro de un Pron, por Sergio del Molino

No debería estar escribiendo esto. Porque es un exceso, porque la gente ya murmura, porque incluso dicen que somos amantes secretos, que se nos ha visto haciendo arrumacos en un sofá de José Alfredo a las tantas de la madrugada. Que ya huele, que ya está bien, que hasta a mí me parece intolerable. Tanto amiguismo y peloteo y masturbación muta en la literatura española. ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué frontera de la indecencia nos queda por atravesar? Amigos hablando de libros de amigos, nuestra credibilidad por los suelos, somos peor que la mafia.

No debería y no pensaba hacerlo. Porque ya le dediqué un artículo sumamente elogioso a propósito de su anterior libro, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, y porque una de las frases de aquel artículo ha sido utilizada por la editorial (que también es la mía, para más corrupción) como reclamo en la faja de este libro, del que me abstendría de escribir si me quedara un rastro de vergüenza y amor propio.

Por suerte, no tengo nada de eso y puedo recomendar la lectura de Lo que está y no se usa nos fuminará, de Patricio Pron, que es un libro luminoso y oscuro a la vez, lleno de un humor sutil que hacia el final (y algunos ratos) se derrama en carcajada. Un libro que, como todos los de Pron, se sale de las cubiertas y tiene vida y desarrollo extratextual. Por ejemplo: durante las entrevistas promocionales, el autor arremete contra la autoficción, lo que no puede ser más que una nueva travesura, habida cuenta de que el penúltimo relato, «Este es el futuro que tanto temías en el pasado», está protagonizado por un tal Patricio Pron, un escritor que contrata a unos actores para que se hagan pasar por Patricio Pron y eviten a Patricio Pron el sufrimiento y las indigestiones de vagar de una ciudad a otra presentando en librerías y cenando con concejales de cultura y diputados provinciales (algo que, quizás, no sólo Patricio Pron agradecería evitar).

El Pron largo es muy distinto del Pron corto. En largo (en la novela), hay una exigencia al lector que desaparece en buena medida en corto (en los relatos). Pron es más travieso (o más ostensiblemente travieso), más divertido e incluso menos efectista en corto que en largo (y esto es una paradoja, porque si por algo se caracteriza el género corto es por su efectismo, por llevar al lector a ese ¡oh! final que cambie de significado todo lo leído hasta entonces). Son dos narradores muy distintos, siendo el mismo. Uno y dúo. Como información de servicio público, recomendaría a los neófitos que se adentraran en el mundo Pron por la parte corta. O bien este libro o su anterior colección de cuentos, La vida interior de las plantas de interior.

Les confieso que últimamente soy mal lector de relato. Se me han atragantado muchos libros que me han resultado insípidos, previsibles, anodinos y demasiado atentos a las vueltas de tuerca y a echar aceite a los engranajes, sonados a ya leídos, a tic de taller de escritura creativa. Si algo se agradece de Pron es que se sienta libre y revoltoso y que explote las posibilidades bufonescas e irreverentes del cuento (que fatigarían en una novela si no se diluyen entre las páginas). Sólo puedo decir que me lo he pasado muy bien leyéndolo y que necesitaba decirlo, aunque me pierdan el respeto por ello.

 

Fotografía: Casa de América (Todos los Creative Commons)