Suicida (no profesional) busca puente, de Doctora Glas

Esta semana tenemos el placer de ofrecerte un fragmento del libro Suicida (no profesional) busca puente (Luhu Editorial) de la joven autora Loola Pérez (1991), que publica con el pseudónimo de Doctora Glas. ¡Esperamos que lo disfrutes!

 

Sobre la obra

Suicida (no profesional) busca puente es el retrato salvaje de la tristeza y la rebeldía. Su protagonista, S.N.P., una chica huracanada y rota, ha tocado fondo. Tratando de encontrar una salida toma dos decisiones rotundas e inamovibles. Pese a la pasión que siente por Eros, se enfrenta a la ruptura. ¿El problema? Eros es monógamo y ella está “en fase de deconstrucción”. La segunda decisión es más oscura y profunda: va a suicidarse. Eros lo sabe, siempre lo ha sabido y, por ello, S.N.P. lo elige en su particular travesía como confidente. Convencida de su viaje final y movida por el miedo al fracaso, visita Suicidas Anónimos en busca de motivación y método. Allí comienza un extraño triángulo sexual, donde placer, locura y desesperación se intercalan hasta complacer sus últimas intenciones. El suicidio se inscribe entonces como una búsqueda incesante, que la interpela y la somete a una continua disciplina. Poco sabemos de los motivos que mueven a la protagonista hacia la muerte, pero para evitar sospechas concluye: “No me suicido por amor”.

La obra profundiza en el tratamiento de la sexualidad femenina y las enfermedades mentales, así como en la didáctica (y crítica) feminista. Las reflexiones de S.N.P. articulan una denuncia al mundo de las dobles apariencias, el amor romántico, la injusticia social y el tabú que la sociedad mantiene ante el suicidio. Considerando lo anterior, el público potencial del libro varía entre el lector medio, los amantes de la prosa revulsiva y atípica y aquellas personas que tienen algún tipo de conexión o inquietud hacia el feminismo, los movimientos sociales o cuestiones políticas.

 

Sobre la autora

Loola Pérez (1991) es activista, escritora, redactora, graduada en Filosofía y estudiante de Integración Social: un totum revolutum cultural para un perfil especializado y de marcado carácter feminista. De origen murciano y evolución barcelonesa, centra sus esfuerzos en la divulgación didáctica y reflexiva del comportamiento sexual y los estudios de género. Buen ejemplo de ello es su trabajo final de carrera, Perversum Interruptum, pornografía(s) de la razón sexual, tratado analítico desde una perspectiva histórica y socio-política que ahonda en el desarrollo y la comprensión del fenómeno de la pornografía, apuntalándolo a través de la representación pública, la simbología y el debate feminista.

Es presidenta de la asociación ‘Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia: 8 de marzo’ y forma parte de la Junta Directiva de la ‘Federación Mujeres Jóvenes’, además de participar en el Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS). Desarrolla su labor pedagógica desde el asociacionismo, a través de un proyecto coeducativo para la prevención de violencia machista y el fomento de la educación afectivo-sexual. Sus primeras incursiones en el mundo blog se sitúan ya en 2007.

Actualmente, publica en Tratado de amor genital y colabora asiduamente en Código Nuevo, medio centrado en la generación milenial. Todo ello, a través de su pseudónimo, Doctora Glas; un alter ego de presencia muy activa en redes sociales, en las que se presenta como una ciberfeminista subversiva, amante de la incorrección política y el pensamiento crítico.

 

SUICIDA (NO PROFESIONAL) BUSCA PUENTE (Fragmento)

Era obvio que no ibas a estar de acuerdo conmigo, sobre todo si consideramos que tu miedo más grande lo constituían la soledad y las tijeras con punta, pero nunca pusiste tu palabra por encima de la mía. No te vestías con mis verbos y, sin embargo, entendías mi lenguaje. Todo parecía ser inmune a las jaquecas hasta que descubrí que eras monógamo y yo estaba en fase de deconstrucción.

Aquello fue un drama. Un drama de moderna, claro… Yo te ofrecí otras opciones porque además del yogurt helado, el BDSM y los hombres con flequillo, me gusta negociar. Te invité (en un ejercicio de paciencia por mi parte) incluso a que te cuestionaras los afectos y asumieras el peso de la existencia humana a partir de ciertos métodos y teorías de la filosofía postmoderna. Y sí, lo confieso, te obligué a leer a Platón, Séneca, Montaigne, Hume, Schopenhauer, Nietzsche, Camus, Foucault, Deleuze y Preciado para salvar la relación. Al principio estabas motivado; luego, todos tus propósitos se los tragó tu horario de trabajo. A decir verdad, ni la pedagogía era lo mío ni lo tuyo salir de la zona de confort.

– Pero, ¿no podemos ir más despacio?

– No, no podemos. Yo necesito abrir esta relación porque he decidido morirme y por primera vez me atrevo a elegir mi propia relación ideal sin condicionamientos sociales.

– Necesito seguridad.

– Me pides seguridad y yo te cuento la verdad: nunca seré tu novia policía, tu novia alarma-antirrobo, tu novia chaleco-antibalas, tu novia-que-se-abra-el-segundo-paracaídas, tu novia-caja-de-ahorros, tu novia-salida-de-emergencia, tu novia- seguro-a-todo-riesgo, tu novia-método-de-barrera, tu novia-caja-fuerte. No voy a responsabilizarme de tus traumas… No soy tu mamá, yo no te saco al parque y espero paciente a que te complazcas en mis caricias si otro niño te llena de arena los ojos.

– ¿Y si me siento solo? Me aterra sentirme solo.

– Si te sientes solo haremos una orgía.

– ¿Se pueden hacer orgías cuando estás enamorado?

– ¿Quién te lo prohíbe? ¿Tu moral? ¿Tu deseo de complacer a la cándida familia nuclear? ¿La Santa Inquisición? ¿Las Juventudes Comunistas? ¿Los Borbones? ¿El Partido Feminista? ¿Putin? ¿Donald Trump?

– Creo que por estas cosas te quiero.

– ¿Por mi gusto por las orgías?

– No exactamente.

– ¿Por mis ganas de morirme?

– Bueno… – Ah, ya. Porque no soy perfecta. Las chicas perfectas llevan peinados helicoidales. Y a mí siempre se me abre el flequillo…

– ¿Lo has pensado? Dejarás de tener flequillo cuando estés muerta.

– Sí, eso, como todo lo demás, dejará entonces de ser un problema…

En cualquier caso y pese a las deliberaciones, dispuse un no, no más, no puedo: mi paz no cabe en un contrato. Levanté muy alto la cabeza, mitad diva, mitad tonadillera y te dejé. Obvié todo luto postromántico y al cabo de una semana enfoqué mi talento para la tristeza sobre otro desconocido: se llamaba suicidio y medía más de 1,75. Empezaba entonces, mi gran historia de amor.

Fotografía: Tres Sotomayor